Fantasia

Hechicero de combate

Días después del incidente en el barrio enano, el rey Grenik convocó a sus hombres de confianza. Sac estaba presente junto a los demás amigos del rey. Estaba contando su versión de los hechos. Arkan el bárbaro y Spuff, el enano, asentían conforme las palabras del hechicero completaban la historia. Elenthen, el elfo, se limitaba a escuchar. Ni él ni Murok estuvieron en el suceso. El inmenso minotauro se limitó a esperar sin prestar demasiada atención. El señor de los enanos maldijo cuando Sac contó la entrada de los invasores reptiles. Leer más «Hechicero de combate»

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Borradores: La posada sombría

El Barrio subterráneo

Excavado más allá de las alcantarillas estaba el barrio de los señores Enanos. Casi tan antiguo como la propia capital de Rophean, el barrio suponía un punto de encuentro entre todos los de aquella raza. Aliados del reino desde su fundación, siempre habían contado con una embajada activa bajo control humano. Eran cinco los representantes de las distintas colonias Enanas en la capital del país. Se regían bajo sus propias normas en el subsuelo y respetaban las que había en la ciudad del exterior. Grenik I seguía tratando al barrio como una embajada más. Lo último que quería era iniciar un conflicto con la raza que más apoyo le había brindado en la fundación del reino. Leer más «El Barrio subterráneo»

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Borradores: La posada sombría

Conocer al autor

Howard dejaba las bebidas sobre la barra de la posada. Los jóvenes acáridos movían sus picos de inmediato, tomando las jarras y llevándolas a las mesas de los comensales. El posadero pelirrojo estaba satisfecho con aquellos hombres-pato y lo expresaba con una amplia sonrisa a cada uno de sus clientes. Verlos trabajar se estaba convirtiendo en un reclamo en sí mismo. Leer más «Conocer al autor»

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El carro de silfos

Howard miró el reloj de sol situado frente al ventanal de su posada. La tarde anterior Sack no había acudido al trabajo. Los platos de madera y los vasos de cuerno se amontonaban en las pilas de la cocina. Margaret se negó a limpiar un solo cuenco. Estaba desbordada en la cocina. El posadero vigilaba el fuego recién encendido de la chimenea mientras barría el salón principal. Leer más «El carro de silfos»

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